No le gusta sentirse así.
Pero ya esta acostumbrada. Es como una montaña rusa, arriba y abajo.
Con una excepción, el viaje en montaña rusa al final acaba, no es infinito.
Pero ella no.
Nube parece estar condenada a pasar de la alegría a la tristeza continuamente.
Y la tristeza siempre dura más.
Lo echa tanto de menos, que intenta no pensar en él, jamás.
Porque si piensa en él, aunque sea un segundo, sabe que es suficiente para salir corriendo a sus brazos, como al fin y al cabo termina haciendo siempre.
Porque Sol ejerce una fuerza incomprensible en ella. Una atracción magnética.
Él es tan distinto, tan agradable, tan hermoso.
Sol nunca pasa desapercibido. Todo el mundo sabe cuando está presente.
Se maldijo a si misma, ya había vuelto a pensar demasiado en él.
Después de todo lo que había pasado...
Nube se para en seco al notar como unas lágrimas bajan por sus mejillas.
Son pocas, pero ella rápidamente las recoge con su mano.
Sin embargo, las lágrimas son más fuertes que ella y de sus ojos brotan más y más.
Haciendo que Nube termine llorando desconsoladamente.
Sollozando, reanuda su paso camuflándose por la gran avenida Cielo, para que nadie la vea.
Hoy, otro día más, Nube se ha transformado en Lluvia.
